
A diez años de la muerte del genial Carl Barks, hemos decidido rescatar como homenaje a este ilustre creador un artículo publicado en 1990 por el investigador y critico Mario Lucioni, el mayor estudioso de la historieta que el Perú ha producido.
Trabajando en la sombra durante veinte años, el mejor dibujante del Pato Donald, ideo una obra maestra en la historieta: Tío Rico Mc Pato, que está muy lejos de ser una glorificación del capitalismo o un elogio del dinero, y que recién ha empezado a revalorizarse.
Por Mario Lucioni
La mayor parte de nosotros ha leído alguna historieta escrita y dibujada por él, pero sin saberlo. Claro, es él quien desarrollo durante veinticinco años las historietas del Pato Donald, quien invento a Tío Rico, los Chicos Malos, Giro Sintornillos, La Bruja Amelia, al antipático de Glad con Suerte, pero sin firmar ninguno de los 600 episodios que ideo entre 1942 y 1967, que aparecieron siempre bajo el logo de Walt Disney. Su nombre se hizo popular solo a partir de esa fecha.
El Arte escondido
Carl Barks, nacido en Oregón (Estados Unidos) en 1901, ilustra el caso del arte en la comunicación masiva. En la industria que busca ofrecer objetos culturales de entretenimiento vendibles a la mayor cantidad de gente posible, han surgido artes específicos como la historieta o el cine, con sus técnicas de expresión propias y explorando nuevas materias narrativas: imágenes, sonidos, tinta china, luz etc. Y lo que estaba concebido como negocio atraía además de aventuraros de diverso calibre a artistas interesados en trabajar esas materias nuevas Ellos han producido muchas obras maestras escondidas en medios plebeyos, que no por su inteligencia narrativa y visual han sido menos negocio.
La crítica, por lo general, ha sido sumamente miope para reconocer el arte cuando estaba bajo formatos que no conocía, cuando asumía relajadamente el realismo psicológico predominante, cuando se enfrentaba aun sentido de humor irreverente. Pero esta indiferencia de la crítica, en el caso de la historieta, hizo que sus mejores cultores realizaran un trabajo libre y genuino, independiente de las modas o expectativas cultas.
En su historieta del Pato Donald, Carl Barks fue construyendo una alegoría sobre Estados Unidos, que a través de la ironía de los diálogos, y de la mecánica perfectamente aceitada entre personajes y casualidades se revelaba como el fracaso del sueño americano.
El hombre pato
Aunque aficionado al dibujo desde siempre, al comienzo trabajo como leñador, carpintero, vaquero, en la industria del metal y en muchas otras ocupaciones, en ninguna de las cuales le fue bien. Solo en los años treinta empezó a considerar seriamente dedicarse al dibujo humorístico. Colaboro en pequeñas publicaciones sarticas y en 1935 envío a Disney un dibujo, que causo interés en la empresa por lo que fue contratado como aprendiz en el taller de dibujos animados. Luego fue promovido al área en que se inventaban los gags. Por esa época, el éxito de un corto de animación protagonizado por el Pato Donald hizo surgir en la empresa el interés de hacer un largometraje de animación con este personaje. Por la presión y la rutina del trabajo de estudio, Barks decidió orientarse a este nuevo campo, dibujando historias cortas todos los meses y varias historias largas, en las que fue cambiando la inicial formulación del personaje del Pato Donald de los dibujos animados.
Del anarquismo a la mediocridad
Hasta la entrada de Barks en la historieta, Donald había sido un rebelde, mataperro, un gruñón infantil y con mala suerte.
Un largo proyecto organizado por Barks y Jack Hanna y titulado provisionalmente Donald Duck finds Pirate Gold (Donald encuentra el tesoro del pirata) estando ya terminados los bocetos fue archivado por el espectacular éxito de “Blancanieves” y “Pinocho“. Para aprovechar el trabajo hecho, se realizo una historieta de 64 páginas con el mismo título, que apareció como un número especial de la serie Four color que cada número traía a un personaje distinto en 1942. A la historieta le fue bien.
El pato era sobretodo un contrapunto al carácter optimista y equilibrado de Mickey Mouse. A partir de 1943, Barks lo dota con una personalidad más matizada, convirtiéndolo en el retrato del sufrido ciudadano medio, agobiado por la falta de dinero, la educación de sus sobrinos y la persecución inútil de proyectos de éxito. A semejanza de Barks que iniciaba una carrera de historietista a los 41 años, el Pato Donald era un constante fracaso y no conservaba ningún empleo más de un episodio. En ese sentido, el Pato Donald como quintaescencia del “gris ciudadano suburbano” (Adolph) es una creación de Barks.
(Continuará...)